martes, 29 de julio de 2008

Julio poético 10


Hace un tiempo quedé en explicar algo sobre Margarita. Me acordé el otro día viendo por televisión un nuevo capítulo de la revolución bolivariana, en este caso filmado en exteriores, en la isla de Mallorca. Fue en el momento en el que Chávez le espeta al Rey de España "¿Por qué no vamos a la playa?". Rebobinemos. En una de esas cenas “culturales” en las que comparten mesa escritores, periodistas y agregados culturales, asistió Francisco Suniaga, el autor de "La otra isla", una correcta novela ambientada en la capital del Estado de Nueva Esparta. En ella se narra las aventuras y desventuras de un alemán, embriagado por el clima, las mujeres y las peleas de gallos. En el libro se leen interesantes descripciones sobre el carácter de los isleños y su contraste con el de los europeos.

“Gente que no entiende que acá no basta con cumplir las normas, portarse correctamente con los demás y esperar de vuelta la misma corrección, que de este lado eso no es suficiente, que este es otro mundo, ya no tan nuevo y quizás tampoco mejor, pero sí distinto, donde todas las reglas son difusas y, paradójicamente, la única regla cierta es que no hay regla. ¿Absurdo? Dieter estaba convencido que sí lo era, pero sabía que el absurdo en Margarita forma parte del arreglo permanente que equilibra a la gente con su entorno y aceptarlo es parte de la receta de la felicidad. De otro modo, no habría posibilidades de sobrevivir en medio de un desenfreno que la propia naturaleza alimenta. Un clima uniforme y a la vez irregular, un verano interminable, mitad seco y mitad húmedo, que no se rige por ninguna ley natural y que calcina la tierra o la inunda, según le venga. Un tiempo que transcurre sin pautas y al que sería estúpido tratar de ponérselas porque los arreglos humanos nada pueden hacer contra esa demencia cósmica, son inútiles o innecesarios. Una gente que, en correspondencia con esa naturaleza caótica, tiene la informalidad por dogma y no se apega a patrones que son sagrados en otras partes del mundo”

Lo que no se menciona en “La otra isla” es un tema que, asombrosamente, ha pasado desapercibido hasta ahora para todo ese grupo de historiadores anti-chavistas que copan las librerías venezolanas. Según palabras del insigne escritor isleño, a la hora de la firma de la declaración de independencia de Venezuela, el firmante por la provincia de Margarita, un tal Manuel Plácido Maneyro, ya no era el legal representante de la isla. Había sido destituido, o había renunciado (no me quedó claro este punto, clave sin duda) y por tanto, ¡ojo al dato!, legalmente, a día de hoy, la isla de Margarita aún pertenece a España. Creo que ya va siendo hora de que España deje de reclamar inhóspitos peñones o desérticos islotes y se centre en esta isla caribeña de clima tropical. ¿Por qué no vamos a la playa?

4 comentarios:

actodefe dijo...

te ruego encarecidamente que me avises cuando eso vaya a ocurrir para mudarme corriendo a Margarita.

Juan C

María Antonia dijo...

Pues sí que nos dejas una inquietud.

Anónimo dijo...

J.E: esta muy chispeante ese comentario
Yo: gracias hombre

Anónimo dijo...

Aclaración:

Lo de Margarita era broma.
Favor de no enfandarse y dejar a los pobres banqueros tranquilos

Fdo. Emilio Botín