jueves 2 de julio de 2009

diario de colonias 2


La Bomba y en stereo
Fuego. Enciéndelo. Fuego. Tengo esas palabras dentro de mi cabeza. Saltan, se contonean, se deslizan entre mis neuronas mientras recuerdo el tremendo show que vivimos unos pocos privilegiados en el césped del colegio Angloamericano. Es el cierre de la jornada del sábado en el festival Malpensante. Toca esta banda que se define como de canción popular melodramática. Al frente, la inconmensurable Li Saumet, un híbrido imposible entre la Mala Rodríguez, Pink y Elena Anaya. Fogonazos de cambur. Puñetazos de mango. Pura vida. Energía solar. http://www.youtube.com/watch?v=Td1hajshtGA Jordi Carrion sonríe a mi lado. Me pide, me suplica, me implora incluso, que los invite a Barcelona. Están los primeros en la lista, le digo mientras otro Jordi, el Peralta, baila con ese rictus de felicidad que le acompaña en las noches bogotanas. Cada vez hace más frío. Nos da igual, hoy ganaremos el mundial. Fuego. Enciéndelo. Fuego. ¿Literatura y política? "If music be the food of love, play on" tengo escrito en mi moleskine pirata. De Shakespeare, según parece. Play on, Li, play on. Entre salto y salto, caras malpensantes conocidas vibrando con Bomba Estereo. Me olvido durante un rato de ese escritor mexicano de buena familia que escribe novelitas eróticas ambientadas en Marruecos y que se atreve a soltar en una mesa sobre literatura y política que Bolaño habla de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez para quedar bien con su público. Dedícate a lo tuyo, o sea a moderar mesas sobre la paja femenina, por ejemplo, que eso lo haces bien. Gracias, la gerencia. Por lo demás la mesa erótica es francamente instructiva. Aprendo, por ejemplo, que el Lelo es el Rolls Royce de los vibradores. Es recargable, tiene varias velocidades, lucecitas. Marta Orrantia afirma que puedes metértelo entre los calzones y caminar por ahí... Ahora entiendo tanta alegría andante. También me entero de la utilidad de los ositos. No son un reflejo de un infantilismo mal llevado. No. Son un instrumento de placer en noches de soledad. Que lo sepan. También me entero de que Juanita Kremer es famosa porque declaró que sólo se desnudaría en Soho si un millón de personas se lo pedían. Minuto de juego y resultado: 1.023.443 firmas recogidas. La Kremer, una 34B, desnuda en Soho. Así son las cosas y así se las hemos contado, que decía un gran presentador de la televisión española. La tercera panelista, y es por ella que estoy sentado en la cuarta fila, es mi querida Jimena Duran, gran actriz y mejor amiga, que no necesita ni siliconas ni columnas de sexo para ser sexy. Ella gozó de su primera paja a los once años y fue como haber podido cruzar el charco a toda velocidad. Aprovecha para saludar a todos los ex-amantes que están presentes. Me ruborizo, como si formara parte de ese grupo... "La paja está inundada", afirma el moderador, y hay risas por la sala, y a continuación se discute sobre el tamaño de las manos, ¿el tamaño importa?, y en esas estamos cuando pide la palabra el mejor amigo de los embajadores de España en Venezuela, o sea Ibsen Martínez, para declamar una copla llanera:
la mujer de mano grande
no me gusta ni un poquito
porque todo lo que agarra
le parece muy chiquito
Luego interviene Fina Castro y habla de un pueblo tan pobre tan pobre que no tenía casa de putas sino choza de pajas...
Más risas y termina la sesión Marta, con la afirmación de que las mujeres colombianas son las más berracas. No seré yo quien lo discuta. Tal vez lo haga el bueno de José Tomás Angola, que me acompaña estos días por tierras cachacas y del que rescato este mini-relato de su inédito libro NECROLOGÍAS MÍNIMAS

Noche a noche
Noche a noche papá la veía llegar. Apestando a licor barato hundía el atardecer en aquellos gruesos vasos de vidrio y se arrinconaba en el balcón a esperar que los búhos volaran al revés y los muy malditos siempre flotaban para adelante. Noche a noche veía a mamá irse a la seis para luego regresar a las doce. Llegaba apestando a cigarrillo, a sudor de otro, como si una nube de colillas y orín la abrazara y la acompañara al canto de la medianoche. Para entonces papá había sofocado la poca hombría que le quedaba en ese luengo y quemante trago de alcohol que era la luna. Noche a noche papá se fue haciendo más pequeño que las marionetas del teatrito con el que jugábamos. La enfermedad que le asfixiaba las piernas y la mitad derecha del cuerpo lo había dejado del tamaño de la deshonra y mamá, desesperada con nuestros llantos de hambre, había decidido ponerse los zapatos de raso violeta y el vestido de seda con escote vulgar, para noche a noche, lanzarse por calles relamidas por perros apestosos y buscar, como si se tratase de una reliquia sacra, la comida que nos terminara de callar.Papá no servía de nada. Su boca era una mueca entre sonrisa y arcada y sus ojos de cuarteado granate miraban sin mirar. Yo sí sabía qué miraba. La miraba a ella noche a noche salir a las seis y regresar a las doce. Y si no lloraba era porque la miserable enfermedad le había comido hasta el lacrimal. Ella nunca se dio cuenta, o no quiso darse cuenta, de que papá la esperaba asqueado de esa luna pestífera a humillación que como farol de teatro se ponía en la corona de sus cabellos y la seguía por la calle que quedaba rota con las huellas de sus zapatos de raso morado. Así fue por meses y meses hasta que papá no aguantó más y una noche tomó el revolver que guardaba en la cómoda. Como se lo permitía la inmunda enfermedad cargó con seis municiones el arma y se puso a dispararle a los búhos que nunca quisieron volar para atrás. Cinco aves derribó y guardó la última bala para ella. Con la paciencia de la piedra se quedó esperando su arribo y cuando por el fondo de la calle la vio llegar, marcando huellas con sus zapatos de raso violeta, levantó el revolver y la mató. Mató a la desgraciada luna que noche a noche se la iluminaba como reflector teatral. Y en la oscuridad por fin pudo llorar.

miércoles 1 de julio de 2009

Diario de colonias 1

EL GUAIRE NO ES CARACAS

Me despierto en el spa con una sonrisa en los labios. Un sueño agradable. El sol se abre paso entre las faldas del Ávila. Debe ser que estoy en Caracas. Desayuno con Anna en Miga's. Un Jugo de naranja natural, 9 bolívares, de los fuertes. Hace apenas dos años costaba tres mil bolívares, de los débiles. Confirmado, estoy en la capital del socialismo del siglo XXI. Después del correspondiente trámite bancario, me encuentro con Ballesta en el Leon, bastante animado a estas horas de la mañana. Me entrega varios ejemplares de Ladosis y compruebo que por fin aparece el artículo sobre Las Burning Ladillas. Un grupo que dará que hablar. O no. A la una me espera la Ramos (la periodista, no la terapeuta) en una misteriosa emisora de radio, detrás de PDVSA. El taxista comenta que desde que la tomó Chávez hay cola para pasar por delante. Antes no. Nostalgia por causas perdidas. El programa, a priori, es sobre responsabilidad social, en la práctica, sobre cualquier vaina. De cambur en cambur terminamos hablando de Casa America Catalunya, del Sonar Kids y de la tortilla de patatas. A las 10 pm, en la 95.5. Otro taxi y llegamos a Los Palos Grandes, el Soho caraqueño. Mientras mi amiga resuelve unas diligencias, almuerzo en el Presidente. La dueña del restaurante, una canaria que llegó a la Venezuela Saudita de finales de los setenta y ya se quedó, me saluda como si aún estuviera en el barrio. ¿Estaba de viaje? me pregunta. Más o menos, le respondo haciéndome el interesante. Rigatone pesto. Lengua financiera. Lechosa sin azúcar. En la tele el gran Dani Alves mete un golazo y en el cielo aparecen nubes amenazantes. Tengo una cita en el Guaire. Me esperan en Plaza Venezuela. Viajo en un metro lleno hasta los teques teques. Mi nueva amiga fotógrafa intenta convencer a unos policías de que trabajen. No es fácil. Sólo les pide que nos escolten media hora, una hora como máximo, en una sesión de fotos a orillas del Guaire. Caracas Segura llevan impreso en letras amarillas en su espalda. Descubro que el Guaire no es Caracas. Eso explicaría el estado en el que está. Llegan más policías. Se encuentran todos en una especie de haima de plástico. Cuento más de veinte. Ninguno nos quiere acompañar. Es un trayecto de apenas 500 metros pero ni así. Que si ellos sólo patrullan las calles, el Guaire es un río, que si no tenemos permiso, ¿desde cuándo hace falta permiso para algo en Caracas?, que si la Granado parece un espía, el cuento habitual de la CIA, etc. Varios indigentes merodean la zona. No puedo asumir el riesgo de que me roben la cámara y las luces, me explica la joven artista. Lo entiendo. Suspendamos la sesión. Déjemonos de fotos y vayamos a una tasca. Al rato me doy cuenta de que estoy en el mítico Callejón de la puñalada. Rubén Blades canta algo sobre el periódico de ayer. El de hoy cuenta que la inflación no ha reducido el consumo de whisky. Simplemente se ha cambiado de marca. De los 18 años se ha pasado a los de rango medio. Como este White Label que me tomo con soda, por supuesto.
También habla la prensa del famoso caso de las cartas de Lucas Meneses. Después de varios meses sin ejemplares disponibles, se confirma que, con papel chino, se ha conseguido imprimir la tercera edición de un libro que, para decirlo alto, claro y con sentimiento, es la ostia. No voy a contarles más, búsquenlo, sólo les dejo un fragmento de una de las cartas que le envía a su querida Andrea...

¿Sabes? La gente que me mira alrededor comenta a escondidas que estoy loco, como si yo no me fijara. Dicen que sólo un loco puede cargar con esta barba y quedarse horas mirando la lejanía del viento, mientras el cabello me tapa los ojos y la brisa lo sacude a desritmos. Ay sí. En fin, ellos no importan. Mis harapos son mis harapos y la gran piedra está allí para mí. Y para ti, Andrea. Para nosotros, que hemos de eternizarnos hasta más nunca. No hay barcos y a veces me hacen falta, y no estoy loco, tú lo sabes, tu muñeca de trapo que dejaste a mi lado para que me hiciera compañía, a la cual de vez en cuando le doy acomodos buscando abrazos infantiles, aguanta junto a mi cuerpo. Junto a mi almohada. Junto a nuestra piel. Esas horas de esperas calmadas avivan tu recuerdo y las pinturas ahora hacen lo mismo que el espejo hace unos años. El mar ha cambiado un poco pero, en el fondo, sigue siendo el mismo. Como decía en el libro, sólo es lo que la gente hace de él. Y yo sigo en la piedra, Andrea, esperándote. Inventando imaginarios y pintando mentiras mientras dejo que el viento haga crecer mis cabellos para ver cada vez menos. En las noches ronco, a veces, y sueño que me despiertas con un beso. Pero mis labios están secos por el salitre. Una niña se cayó ayer en la tarde en la puerta de mi casa y fue capaz de aguantar el llanto para regalarme una sonrisa, no se parecía a ti, pero sacó arrojos de valentía. Creo que me tuvo algo de lástima, algo extraño, como todo lo mío. Un gesto gratuito de humanidad amable y un beso escondido en la frente como el que te mando hoy por la tarde en esta carta.

lunes 2 de febrero de 2009

Tiempos de cambio


Unos meses sin inquietudes

Tiempo de cambios, pueden seguir mis pasos por Carcelona:
http://bcarcelona.blogspot.com/



miércoles 31 de diciembre de 2008

diciembre peludo 8



empecé estos escritos a mi llegada a Bogotá y los interrumpo ahora que salgo de ella
toca regreso a mi querida/odiada Catalunya

dejo ahí las inquietudes y asumo mi escepticismo activo
eso sí, ¡siempre a la orden!

gran abrazo a tod@s y buen año


lunes 22 de diciembre de 2008

diciembre peludo 7


Me cuesta pero lo consigo. A la tercera va la vencida. La primera vez que lo intento llego a la esquina de Salvador y Gascón (gracias al preciso dato de Andrea) pasadas las nueve de la noche. Como aún es de día, anochece tardísimo en esta época en Buenos Aires, supongo que la librería La Internacional estará abierta. Suposición incorrecta. Me conformo con mirar a través de las rejas y me fijo en un libro de Vila-Matas del que no tengo noticia: "Y Pasavento ya no estaba". Debo intentarlo otra vez, pienso, y sigo caminando por Palermo Viejo sintiendo algo que, unos días después leo en ese misterioso, al menos para mí, nuevo libro de Vila-Matas. "En Argentina se siente la presencia de Europa con mucha más intensidad que en Europa, y al mismo tiempo se es exterior a ella". La segunda vez llego pasadas las dos (he retenido el mensaje que cuelga en la puerta de la librería: horario, de 2 a 9). Sigue cerrada. Vuelvo a mirar entre las rejas y concentro mi mirada en ese libro que me espera impaciente. Como es la hora del almuerzo entro en La Peca, un resto-bar situado estratégicamente en la esquina opuesta. Elijo una mesa desde la que puedo observar cualquier movimiento sospechoso frente a la librería. Una cerveza, un churrasco de pollo y una ensalada más tarde, sigue todo igual. Los meseros me animan informándome de que, normalmente, la "chica" llega entre las dos y las tres. Hoy debe ser un día anormal, pienso. Un café y una galleta más tarde me largo con viento fresco, convencido de que la tal librería La Internacional no abre nunca, que es una tapadera para, por ejemplo, los famosos maletines venezolanos. Horas después, tras una nueva vuelta por Palermo, decido soltar esa inquietud y darme una nueva oportunidad, y regreso, por tercera vez, a la esquina de Salvador y Gascón, y esta vez sí, la puerta está medio abierta, y adentro no me recibe ninguna chica sino el joven y sonriente Francisco Garamona, poeta y editor responsable de esa pequeña-gran editorial que es Mansalva, una editorial, concuerdo con Leo Campos, que es el tipo de editorial que uno le gustaría tener si decidiera montar una editorial. Con Francisco conversamos un buen rato sobre Aira, sobre Bolaño, sobre Bellatin y sobre Raúl Escari, uno de los protagonistas, por llamarlo de alguna manera, de "París no se acaba nunca", y nuevo escritor, a sus sesenta y tantos años, del que acabo llevándome un par de libros, en parte por recomendación del editor, en parte por la estupenda portada y en gran parte también por este párrafo de Vila-Matas reproducido en la contra-portada.

"Pero, ¿qué era exactamente el estilo? ¿Era en esencia la manera que tenía uno de fumar en pipa, por ejemplo? Cuando le pedí su opinión a Raúl Escari, me miró con cara de fastidio y citó a Wilde: "El crimen debe ser solitario y sin cómplices", dijo. Di vueltas a la frase. Tal vez me había querido indicar que los que buscan su estilo habría que decirles que buscarlo es una manera poco sutil de lograrlo, ya que para conseguirlo les bastaría con ser ellos mismos. Me hice el tonto, por si conseguía mayor información de Raúl. "¿Es un crimen el estilo?", pregunté. "Los escritores del futuro serán secos, poco elocuentes, el Gran Estilo les parecerá una mona de pascua", dijo de pronto Raúl. Y luego, poco después, coincidiendo con las primeras gotas de lluvia, añadió un tanto enigmáticamente: "Estar constipado es el futuro del estilo". Al llegar a la rue Mouffetard, entramos en el café Robin, y fue entonces cuando Raúl, viendo que yo estaba tan desconcertado como ansioso por saber más cosas sobre el tema, añadió, casi anidiándose de mí: "Mira, llueve o bien nieva y tú quieres informarme de esto. ¿Cómo lo haces? Pues dices: llueve, nieva. Eso es el estilo. ¿Está claro?"

jueves 18 de diciembre de 2008

diciembre peludo 6


Riquelme es uno de los grandes futbolistas de los últimos años. Para algunos el mejor. Tuvo la desgracia de recalar en el Barça en los años oscuros. El representante del Opus Dei que ejercía de presidente en esa época, en un extraño momento de lucidez, lo fichó. En ese equipo vulgar, con jugadores como Rochemback, Cristanval o Reitziger a su lado, y con Van Gaal de entrenador, poco pudo hacer. Desde hace unos años lidera al Boca Juniors, su equipo de toda la vida. Me viene todo esto a la cabeza cuando leo, en el colectivo 152, rumbo a la Boca, esta noticia en el periódico CRÍTICA.
“El bondi, el tango, el dulce de leche, la birome y el corralito financiero son marcas registradas de la Argentina. En un futuro cercano, la FIFA deberá certificar el nacimiento de una nueva invención criolla: el aerosol futbolero, que dio buenos resultados en la Primera B Nacional y será usado a partir del año próximo en las canchas de Primera División. Es una buena noticia para Juan Román Riquelme: ya no va a tener que protestarle al árbitro antes de acariciar la pelota. Los que no respeten la distancia serán sancionados inmediatamente, sin necesidad de un telebeam.”
Un aerosol para las faltas al borde del área. Fantástico. Dejo la noticia completa.
http://www.criticadigital.com.ar/impresa/index.php?secc=nota&nid=16876

Más fútbol. En un quiosco en la calle Florida compro la película que Kusturica ha hecho sobre Maradona. Me esperaba más del amigo serbio. El bueno de Emir se dedica a perseguir durante dos años a Diego Armando por todo el planeta y sí, consigue filmar algunos buenos momentos, pero le queda un documental bastante caótico y poco original. Demasiado fanatismo. Aunque para fanatismo, o papanatismo, los de la iglesia maradoniana http://www.iglesiamaradoniana.com.ar.
Una boda bajo el rito del 10 es quizás el momento más delirante de la película. La iglesia tiene sus adeptos, sus festividades (el 22 de junio las pascuas maradonianas y el 29 de octubre nochebuena y navidad maradoniana) y sus oraciones. Adjunto el Padre nuestro. Oremos.

Padre Nuestro (y es nuestro de verdad)
Diego nuestro que estas en la tierra,
santificada sea tu zurda,
Venga a nosotros tu magia,
háganse tus goles recordar,
así en la tierra como en el cielo.
Danos hoy una alegría en este día,
y perdona aquellos periodistas
así como nosotros perdonamos a la mafia napolitana.
No nos dejes manchar la pelota
y líbranos de Havelange..
Diego

viernes 12 de diciembre de 2008

diciembre peludo 5


Paso la tarde en San Telmo. Busco un boliche donde disfrutar de una nueva exhibición barcelonista. No lo consigo. El futbol argentino y la desidia del emigrante catalán conspiran en mi contra. Por las calles me topo con tambores, turistas y tarambanas. Me refugio en el Espacio Ecléctico, http://www.espacioeclectico.com.ar/, un reducto independiente que manejan con entusiasmo y bloqueador solar 60 Flor y Eugenia. Veo una obra de teatro de cuyo nombre no quiero acordarme. Decido que ya no me gusta el teatro. Llamo a Martín. Me invita a otra reunión de la colonia venezolana en el exilio porteño. Arepas incluidas. Prefiero ir con el estómago lleno. Entro a Territorio-bar-y-provisiones, a picar algo. Me alegra comprobar que la carta del Territorio también se puede leer en clave Afterpop. Sobre todo la parte de los sándwiches. Dudo entre uno de ciervo y otro de jabalí. En homenaje a Parra opto por el jabalí.

SANDWICHES Ahumados
Ciervo
(pan de campo o de oliva tostado c/ queso crema, ciervo ahumado, queso barra, oliva y albahaca): curioso animal que llegó a la Patagonia igual que la vaca a la Pampa (en barco), cambió su imagen asociada a la literatura infantil y sacó chapa de carne regional: es fuerte, tiene presencia y, pese a todo, es bastante magra. Sale de lo común y se puede comentar entre amigos.
Jabalí (pan de campo u oliva tostado, jamón ahumado, queso tybo, tomate, olivas y hojas frescas de espinaca): otro que cayó en paracaídas, pero como no es tan simpático y tiene mala prensa, ahí anda, corriendo por el bosque, la pampa y el desierto. Está claro, es un chancho salvaje pero que, como corre y no come basura, tiene carne magra y bastante sabrosa: una opción al jamón crudo.
Cordero (pan tostado, carne salteada en tiritas c/verdeo y vino blanco, con champignones, tomate y hojas verdes): modestia aparte, un hallazgo. Quienes lo han probado no han vuelto a ser los mismos: algo dNegritae este sándwich transforma a las personas, abre las mentes, trasmuta las almas… sencillamente una experiencia.
Lomito (Lomo vuelta y vuelta, morroncitos, tomate, champignones, queso crema, y queso gratinado): vapuleado por tanta hamburguesa chatarra, un bifecito vuelta y vuelta no necesita presentación, aunque sí, un poco más de respeto.
Queso de cabra (pasta de queso de cabra picado con aceitunas y ajos, tomate y aceite de oliva): vegetariano y salvaje, una obra de arte. La verdad es que cuando alguien lo pide se nos cae un lagrimón, mezcla de orgullo y nostalgia de saber que muy pronto tendrá entidad propia, lo veremos crecer y dejarnos, como a un hijo.